Seguramente la cultura japonesa sea una de las más fascinantes del mundo para nosotros, los europeos, algo que no resulta para nada sorprendente: entre samuráis, artes marciales y mangas, los occidentales pueden descubrir nuevas formas de vida y folclore totalmente diferentes, ritos y costumbres de la pura tradición asiática.

El gobierno japonés está haciendo un buen trabajo en su plan de exportar todo lo kawaii y reavivar la cultura tradicional japonesa para exponerla al mundo («Cool Japan»). Entre estos elementos históricos y populares, las geishas fascinan al mundo occidental con las historias y misterios que envuelven a esta profesión de mujeres jóvenes.

En este artículo, Superprof te invita a descubrir el mundo de las Geishas, ​​esas mujeres japonesas con trajes elegantes, maestras del arte del entretenimiento, la ropa y la ceremonia del té. A menudo consideradas como prostitutas tradicionales de la Tierra del Sol Naciente, ¡es hora de despejar todas las dudas sobre el mito de esta profesión típica de Japón!

¿A qué nos referimos cuando hablamos de «Geisha» japonesa?

Definición de geisha
Una geisha también podía practicar el Kabuki, el teatro tradicional japonés. (Créditos: Columbia Pictures)

Según la imaginación colectiva occidental, una geisha es una hermosa chica en kimono, vestida con peluca y maquillaje blanco, cuyo trabajo como cortesana consiste en tener relaciones sexuales con algunos clientes. Sin embargo, en la realidad, una geisha es mucho más que eso; sobre todo, porque la última parte de esa afirmación suele ser errónea.

El término «Geisha» significa «persona del arte» literalmente. Aunque es cierto que a menudo llevan kimonos extravagantes y una peluca, esto se debe a que su trabajo consiste en entretener a clientes, por lo general, masculinos mediante la práctica de varias disciplinas artísticas de las cuales aquí te dejamos una lista poco exhaustiva:

  • La práctica del Shamisen, una guitarra de tres cuerdas.
  • Bailes tradicionales.
  • La práctica de Tsutsumi, un pequeño tambor colocado sobre el hombro o entre las piernas.
  • La ceremonia del té (Chanoyu).
  • Arreglos florales (Ikebana).

De este modo, encontramos a las Geishas en los banquetes, sacudiendo su yukata al sonido de la música y sirviendo a los invitados como buenas damas de compañía. El lado relativo a la «prostitución» de la geisha está sobrevalorado aunque es muy real: ha habido casos en los que la geisha ha tenido relaciones sexuales con su cliente, pero no como algo obligatorio.

Los Geishas residían en un Okiya (que literalmente significa «casa de Geisha») en la que solo vivían mujeres y niñas. En el interior, encontramos a las Okâsan («madre») rodeadas de 5 a 6 Geishas, ​​algunas futuras Geishas (niñas pequeñas llamadas Shikomikos), varias sirvientas, una ama de llaves y una prostituta oficial (hasta 1957).

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El nacimiento de las Geishas en el Japón Medieval

Costumbres de las Geishas
Entre ropa, música, baile, relaciones sociales, conversación y juegos, ¡las Geishas guardaban más de un truco bajo la manga!

La profesión de la Geisha se convirtió en una profesión oficial en Japón a partir del siglo XVIII, pero sus orígenes se remontan mucho más atrás. De hecho, hay que remontarse al siglo XIII para entender de dónde vienen las Geishas, ​​mujeres con sandalias y obi (cinturón ancho de kimono), la cuna del refinamiento japonés.

También debemos remontarnos al siglo VIII para descubrir a una especie de Geishas en el papel de las bailarinas del emperador Kammu. Estas mujeres bailaban las oraciones budistas y pronto tuvieron una conexión más sexual con sus clientes: los nobles y los guerreros de la corte de Kioto.

Sin embargo, la verdadera historia de las Geishas comienza en Gion, el distrito tradicional de Kioto. No eran las mujeres las que tenían la tarea de entretener a los nobles señores, sino los hombres: se les llamaba Taikomochi, maestros de las ceremonias del té, pero también bailarines y artistas. Estaban maquillados con polvos blancos (Oshiroi) que en ese momento solo se reservaban para los hombres.

Poco a poco, las mujeres fueron ocupando un lugar cada vez más importante hasta llegar al siglo XVII (período Tokugawa) donde diferenciamos entre Geisha y Geiko («mujeres de las artes»). El gobierno japonés introdujo rápidamente unas reglas sobre servicios sexuales autorizados. Por lo tanto, las Geishas no tenían derecho a ofrecer sus servicios corporales, solo estaba reservado para las prostitutas (ley de 1799).

Las geishas se multiplicaron rápidamente en salones de té y ryokan (posadas tradicionales), lo que causó la aparición de un «mundo flotante», ubicado entre el entretenimiento y el placer. De hecho, no debe creerse que la prohibición de ofrecer el propio cuerpo impidiese la prostitución de las Geishas: la virginidad de ciertas aprendices incluso se llegó a ofrecer en subastas.

El aspecto artístico de las Geishas se hizo rápidamente famoso en todo Japón:

«Ser Geisha implica ser apreciada como una obra de arte viva». - Memorias de una Geisha

Sin embargo, las Geishas tenían que seguir reglas estrictas, como la de vivir en un distrito específico, llamado Hanamachi o Kagai. Aunque al principio estos distritos eran tan frecuentados por las Geishas como por las prostitutas (Yûjos), rápidamente se volvieron exclusivos para nuestras profesionales de la ropa y del maquillaje tradicional.

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La edad de oro de las Geishas en el siglo XIX y a principios del siglo XX

Maquillaje de una geisha
¡Obviamente, para una geisha, solía ser mucho más interesante pasar la noche con un cliente rico!

La edad de oro de las Geishas fue en el siglo XIX y duró hasta la Segunda Guerra Mundial. Había decenas de miles de estas muñecas vivientes repartidas desde Kanazawa hasta Asakusa. El gobierno Meiji se mostraba a favor del ejercicio de esta profesión y cada salón de té o casa del té lo frecuentaba una clientela samurái aficionada a las Geishas.

De este modo, vieron que podían sacar cierta rentabilidad de ello, tanto que en cualquier noche con invitados bastante prestigiosos, una Geisha podía ganar varios cientos de miles de yenes (varios miles de euros) en su Okiya.

Las Geishas, ​​durante este período de prosperidad, se situaban a la vanguardia de la moda, conservaban las tradiciones pero también eran presagios de las últimas tendencias, con un peinado siempre impecable (a menudo en forma de moño) y con un kimono japonés u otra ropa tradicional como la hakama o una túnica de estilo japonés.

A principios del siglo XX, las Geishas se inspiraron en el mundo occidental que se abría ante ellas: así nació la dansu geisha, Geishas vestidas según un estilo occidental. Sin embargo, ante la marcada oposición de muchas Geishas tradicionales, esta moda no perduró.

La edad de oro de las Geishas vio su fin durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en 1944, el gobierno japonés cerró los albergues de placer para que las Geishas pudieran trabajar en las fábricas durante la guerra. Al año siguiente, tras terminar la guerra, los albergues volvieron a abrir sus puertas nuevamente.

Entonces apareció otro tipo de geisha: las onsen geisha, mujeres que eran libres de moverse y buscar trabajo por sí mismas en las regiones costeras (cerca de onsen). Se aproximaban más a las prostitutas que a las Geishas per se, ​​buscando trabajo con soldados estadounidenses.

En 1957, se prohibió la prostitución en Japón: de este modo, los japoneses hicieron una clara distinción entre prostitutas y geishas. Además, las niñas tenían prohibido faltar a la escuela hasta los 16 años (18 en Tokio). Por lo tanto, el número de Geishas se fue reduciendo, así como las condiciones de acceso, que eran mucho más limitadas.

El mundo de las Geishas en el Japón actual

Símbolo de la cultura nipona
Hoy en día, el mundo de las Geishas se ha vuelto mucho más accesible y, de hecho, se han convertido en uno de los símbolos de la cultura japonesa en todo el mundo.

Las geishas siguen existiendo en el mundo que conocemos hoy, pero su número es mucho menor. En 1965, la Kyōto dentō gigei shinkō zaidan, es decir, la «Fundación para el desarrollo de las artes y la música tradicionales en Kyoto", contó con 65 aprendices solo en Kyoto. ¡Diez años después, ese número se redujo hasta 28!

En la década de 1990, el número de Geishas se estabilizó, llegando a 60 en Kyoto. De hecho, esta profesión ya no atrae tanto como antes porque hoy es menos rentable. Es más, las jóvenes que tienen multitud de opciones posibles, como los chicos, no tienen por qué querer practicar este arte ancestral pero anticuado.

Además, un kimono de Geisha real cuesta alrededor de 5.000 €, ¡así que podemos entender que la disciplina no parezca tan asequible!

Sin embargo, debemos destacar la presencia de una nueva moda para la profesión en los últimos años: ¡en 2008, había más de 100 aprendices de Geishas solo en Kioto! La difusión de información sobre esta profesión probablemente desempeñó un papel fundamental en la apertura al mundo de este entorno artístico tan especial.

La profesión de Geisha ha cambiado mucho a comienzos del siglo XXI. De hecho, los rituales todavía existen pero han cambiado su significado. Por ejemplo, el ritual Mizuage, que anteriormente implicaba que una Geisha había perdido su virginidad, se ha convertido en una ceremonia durante la cual una hermana mayor juzga a una maiko digna de convertirse en Geisha: cambia su collar de rojo a blanco.

Del mismo modo, aunque los cortes de pelo son idénticos, se trata de pelucas lo que vemos en las cabezas de las Geishas. De hecho, antes, este tipo de peinado tiraba del cabello enormemente, tanto que las Geishas terminaban casi calvas. Así sí se entiende este cambio, ¿verdad?

En la actualidad, hay muchas jóvenes japonesas que recurren a la imagen de la Geisha como un disfraz. Si pasas por Harajuku (Tokio), seguramente te encontrarás con un cosplay de Geisha, desde el cabello hasta el traje tradicional japonés. Obviamente, si quieres ver los reales, ¡tienes que ir a Kioto!

¡En total, hay unas 200 Geishas que practican su arte hoy en Japón y esta tradición japonesa debe subsistir como una actuación artística para salvaguardar el patrimonio cultural japonés!

El maquillaje de las Geishas

Cómo reconocer a una Geisha
A menudo reconocemos una geisha por su maquillaje particular, pero ¿sabes en qué consiste?

Como ya hemos visto, las geishas se maquillaban con un polvo blanco, generalmente reservado para los hombres: el oshiroi. Bastaba con mezclarlo con agua y aplicarlo en la cara, cuello y nuca. De antemano, se aconsejaba cubrir con aceite de camelia, protector y más adherente que la piel desnuda.

Por desgracia, este polvo tan popular entre las geishas contenía plomo, un veneno fuerte que dañaba la piel en paralelo. ¡El maquillaje no se basaba solo en el oshiroi! Las geishas complementaban todo con sombra de ojos roja, delineador negro y lápiz labial rojo brillante.

¿Por qué piel blanca? Por la sencilla razón de que el blanco era sinónimo de belleza en Japón. Este polvo blanco permitía percibir mejor la cara a la luz de las velas.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que cuanto más progresaba una geisha en la vida (cuanto más envejecía, en resumen), su maquillaje debía ser más delicado, pero sobre todo discreto. Fuera de las representaciones teatrales, las geishas que tenían más de treinta años dejaban de usar maquillaje, así como la peluca y el kimono.

¿Crees que todo esto era suficiente? Bueno, pues no, porque las geishas no solo se maquillaban la cara, sino también los dientes. Esta costumbre, llamada «ohaguro» (お 歯 黒), literalmente, «dientes negros», data de la era Heian (794-1185), y se refería a todas las mujeres casadas, ¡no solo a las geishas!

Se dice que esta costumbre era para diferenciarse de los animales, pero los extranjeros la consideraron como algo espeluznante y, como resultado, acabó prohibiéndose.

Las diferencias entre las aprendices y las Geishas

Quién puede ser Geisha.
Entre aprendices y expertas, el mundo de las Geishas es bastante tradicional, y no todo el mundo puede lograrlo.

Por lo tanto, había dos estratos de geishas: las expertas y las aprendices. Por regla general, era muy fácil diferenciarlas, especialmente por el peinado. ¡Este último cambia según las regiones de Japón, gracias a las pelucas que usaban en Taka shimada (Kioto) o Tsubushi shimada (Tokio), por ejemplo!

Además, los aprendices preparan sus peinados con su propio cabello en ciertas ocasiones y tienen muchos más alfileres («kanzashi»), principalmente en Kioto o Nara.

No obstante, también diferenciamos geishas y aprendices por su atuendo: el kimono. Ambas usan kimonos, que las distinguen de las mujeres comunes.

Lo que los diferencia es que las geishas usan el kimono de manga corta («tomesode»), como el de las mujeres casadas. Los patrones evolucionan con la experiencia, al igual que los colores. El cinturón, mientras tanto, depende de la región y el estado. Se denomina «obi».

Los kimonos de las aprendices son de manga larga e implican que son mujeres solteras. Hay ciertos signos del kimono infantil que son comunes, lo que indica que fueron niñas no hace mucho tiempo. En cuanto a los colores, son más llamativos, al igual que los patrones.

La historia del calzado de las Geishas

El calzado de las geishas obviamente no es lo que estamos acostumbrados a ver, ya que está completamente anclado en la tradición. Sin embargo, en Japón, es posible encontrar personas que usan lo que se llama «geta». A menudo los usamos con calcetines («tabi»).

Como esa imagen que a menudo tenemos en mente, los geta son sandalias de madera (también existen de paja de arroz: «zori»), que consisten en una tabla como suela, perforada.

El orificio deja pasar una correa de tela, que se puede personalizar, y que se coloca entre el dedo gordo y los otros dedos para sostener el pie, ¡un poco como una correa! Para las geishas, primaba ​​la seda y el color de la tela indicaba su situación.

No obstante, el punto más tradicional y típico sigue siendo el que se encuentra debajo de la suela: dos láminas de madera colocadas a lo ancho del pie, una hacia el frente y la otra hacia la parte trasera. Por cierto, para que lo sepas, cuando estas sandalias se hacen de una sola pieza de madera, se denominan pokkuri o komageta.

En cuanto a la altura de estas láminas de madera (las «ha»), varían según el uso que se haga de ellas, pero suele ser mayor para las mujeres (takageta). Para las geishas, ​​hay que escuchar el sonido del calzado mientras caminaban por el suelo. A veces, incluso algunos geta tienen solo una lámina, ¡sí, sí!

Los geta nacieron en Japón entre los 300 a.C. y 300 d.C. Hoy en día, los hay hasta de plástico. Las geishas usaban estas sandalias debajo de su kimono, y a menudo eran reconocidas por las «ha» que usaban (por las láminas):

  • Encontramos los tengu geta, que son los geta con una sola lámina.
  • Los bakara geta son los más clásicos, pero las láminas no están integradas en el cuerpo de las sandalias. Con el objetivo de poder reemplazarlas.
  • Algunos tienen tres láminas, 22,5 cm de alto: oiran geta.
  • Los ukon geta son probablemente más actuales, más modernos y menos altos, por lo tanto, más prácticos.
  • Finalmente, los okobos simplemente no tienen láminas, sino una plataforma bastante alta, para que el kimono no arrastre por el suelo. Quienes los usaban eran a menudo los aprendices de geishas (las «Maiko»). En cuanto al color de las correas, el rojo estaba reservado para las novatas y el amarillo para las más experimentadas.

¡Nunca volverás a ver los zapatos de geisha de la misma manera!

Los dannas, jefes de las Geishas

Geishas y Japón
En su historia, las geishas a veces tenían un protector, pero también un promotor financiero, que originariamente era un cliente.

Sí, ¡las geishas tenían un jefe! «Danna» era literalmente el equivalente de un esposo, que en realidad era principalmente un mecenas.

Con un verdadero rango social, el «danna» era muy respetado, ya que los trabajos de las geishas requerían grandes gastos. Más allá de eso, el «danna» también tenía que ser alguien influyente en su entorno, además de ser un buen cliente.

¿Cómo convertirse en «danna»? Se trataba simplemente de un acuerdo, celebrado entre el hombre y la dueña del establecimiento del cual era cliente. Porque para comenzar dicha relación, la condición sine qua non era ser cliente. Por lo tanto, el propietario debía estar de acuerdo y decidir con él el total de la pensión.

Tenía una pensión, una suma mensual dedicada al alquiler, los cursos, los gastos de la vida diaria, etc., que solía ser mucho más elevada de lo que ganaban las geishas de media.

De este modo, la geisha se convertía en su protegida, cuya relación se regía por la confianza, pero también por las relaciones sexuales. Desde el punto de vista financiero, hay ciertos casos donde las negociaciones eran necesarias, pero siempre con un vínculo privilegiado que unía a las dos partes. Sin embargo, la geisha gestionaba su vida privada como mejor le parecía.

Por lo que hemos podido observar, el número de «danna» solía tener una proporción de una geisha cada cinco, una cifra relativamente pobre desde la segunda mitad del siglo XX.

Las Geishas en la cultura: bibliografía

Mundo de las Geishas
¡Sumérgete en el apasionante mundo de la historia de las geishas, entre maquillaje, vestuario y zapatos tradicionales!

Puesto que la historia de las geishas no puede prescindir de ejemplos concretos en los que fundamentarse, ¿por qué no terminar con una pequeña lista de obras para ir más allá en este fabuloso mundo?

  • Geisha de Liza Dalby - Payot: una inmersión en el corazón del mundo de las geishas por la propia autora.
  • Geisha, una tradición viva de Kyoko Aihara.
  • El mundo secreto de las Geishas de Lesley Downer: nos cuenta la historia de la inmersión de un autor en esta comunidad en particular.
  • Vida de una Geisha de Mineko Iwasaki & Rande Brown - The Pocket Book: una novela mundialmente famosa de uno de los geikos más famosos de Kioto entre 1965 y 1980.
  • Memorias de una geisha de Yuki Inoue: nos narra la biografía de una geisha en la primera mitad del siglo XX.

Ya sabes todo lo que necesitas sobre las geishas japonesas, su historia, sus ritos y el estado actual de esta profesión. ¡Si quieres aprender más sobre Japón, Superprof te invita a consultar nuestros otros artículos y a tomar clases particular o un curso de japones online con uno de nuestros superprofes!

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